La leyenda del Tablero de Ajedrez

A menudo pensamos que para hacernos ricos necesitamos un golpe de suerte, una herencia millonaria o ganar la lotería. Sin embargo, una antigua leyenda oriental nos enseña que el secreto de la riqueza no es la cantidad inicial, sino el tiempo y la constancia.

A menudo pensamos que para hacernos ricos necesitamos un golpe de suerte, una herencia millonaria o ganar la lotería. Sin embargo, una antigua leyenda oriental nos enseña que el secreto de la riqueza no es la cantidad inicial, sino el tiempo y la constancia.

Si alguna vez te has preguntado cómo funciona realmente el dinero a largo plazo, tienes que conocer la historia del inventor del ajedrez y el Emperador.

El pedido «modesto» del sabio Sissa

Cuenta la leyenda que en la India, hace muchos siglos, un rey estaba aburrido y triste. Para animarlo, un sabio llamado Sissa inventó un juego de estrategia: el ajedrez.

El rey quedó tan fascinado con el juego que le ofreció a Sissa cualquier recompensa que deseara. — Pídeme lo que quieras: oro, joyas, palacios… te lo daré — dijo el rey con arrogancia.

Sissa, que era un hombre humilde pero muy sabio en matemáticas, respondió: — Majestad, soy un hombre sencillo. Solo deseo granos de trigo. Por favor, coloque un grano de trigo en la primera casilla del tablero de ajedrez, dos en la segunda, cuatro en la tercera, ocho en la cuarta… y así sucesivamente, duplicando la cantidad en cada casilla hasta llegar a la número 64.

El rey se echó a reír. — ¿Eso es todo? ¿Unos sacos de trigo? ¡Qué desperdicio de deseo! — exclamó, y ordenó a sus tesoreros que cumplieran el pago de inmediato.

La trampa matemática

Al principio, todo iba bien.

  • Casilla 1: 1 grano.
  • Casilla 2: 2 granos.
  • Casilla 3: 4 granos.
  • Casilla 10: 512 granos.

Pero al llegar a la mitad del tablero, los tesoreros del rey empezaron a preocuparse. La cantidad de trigo necesaria ya no cabía en sacos, sino en almacenes enteros.

Al llegar a la última casilla (la 64), los matemáticos del reino se presentaron ante el rey, pálidos y temblando. — Majestad, no podemos pagarle a Sissa. No hay suficiente trigo en todo el reino, ni en todo el mundo, para pagar la deuda.

El número total de granos era 18.446.744.073.709.551.615. Para que te hagas una idea: sería suficiente trigo para cubrir toda la superficie de la Tierra varias veces. El rey, humillado, comprendió que había subestimado el poder del crecimiento exponencial.

¿Qué tiene que ver esto con tus finanzas?

Esta leyenda es la metáfora perfecta del Interés Compuesto, una de las herramientas más poderosas que tenemos en webfinanciera.com.

Al igual que los granos de trigo, tu dinero puede parecer poco al principio. Si inviertes $1,000 hoy, no te harás rico mañana. Pero el interés compuesto hace que tus ganancias generen nuevas ganancias.

  1. El Tablero es el Tiempo: Cada casilla del tablero representa un año de tu vida financiera.
  2. Los Granos son tu Capital: Al principio crecen despacio, pero en las «últimas casillas» (los últimos años de inversión), el crecimiento se dispara verticalmente.

La mayoría de las personas se rinden en la casilla 5 o 10 porque «ven pocos resultados». Pero la verdadera magia ocurre cuando permites que el interés se acumule sobre el interés durante suficiente tiempo.

No necesitas duplicar tu dinero (como en el ajedrez)

En la historia, Sissa pedía un rendimiento del 100% (duplicar). En la vida real, no necesitas tanto. Incluso una tasa de interés moderada (como un 8% o 10% anual), si se deja actuar el tiempo suficiente, puede multiplicar tu dinero de forma sorprendente.

  • Interés Simple: Tu dinero crece linealmente (como una escalera).
  • Interés Compuesto: Tu dinero crece exponencialmente (como un cohete).

Haz la prueba tú mismo

No tienes que ser un matemático real ni tener un tesorero para calcular tu futuro. A diferencia del rey de la leyenda, tú puedes predecir exactamente cuánto crecerá tu dinero.

Hemos diseñado una herramienta para que veas este efecto con tus propios ojos. ¿Qué pasaría si inviertes $100 al mes durante 20 años? ¿Y si lo haces durante 30 años? La diferencia te dejará tan sorprendido como al rey.